Ejercicio 2.Paraguas y teléfono.
“¿Desea eliminar esta publicación?” Mi dedo tiembla entre
dos opciones. Cancelar y dejar un último recuerdo en a la vista de nuestros
contactos. O aceptar y asumir que todo
ha acabado. Para mí y para mis contactos. Dar a conocer a que no todo era tan
real como queríamos aparentar en esas fotos recién eliminadas.
Levantó un instante la cabeza de mí teléfono para comprobar
que no me he pasado de parada. Pero también para hacer un parón en mis
pensamientos. Pero intentar que mi cerebro no piense hoy sería como negar que
hoy llueve a cántaros.
Negar que detrás de
la empañada ventana del autobús, puede
que este él, en su cafetería favorita, desayunando su cortado antes de estar a
trabajar. Sólo que esta vez ya no me estará esperando a mí.
Me viene a la cabeza
aquel último mensaje de anoche, aquel que fingí no ver. “Por favor borra todas
nuestras fotos de las redes sociales”. Reprimiendo las lágrimas finalmente
pulso aceptar. Más tarde en casa volveré a hacer acopio de valor para borrarlas
definitivamente de la memoria del mi móvil y ordenador y por supuesto de mi
corazón. Aunque para este último no hay opción definitiva. Volverán los
recuerdos una y otra vez, cada minuto, cada hora, cada día. Hasta que
finalmente un día lejano sin saber cómo
ni porque, un recuerdo traicionero asalte mi memora y sólo me provoque un
ligera sonrisa. O fugaz pensamiento que
diga “ Dios mío pero ¿en que estaba pensando?.
Antes de bajar en mi destino, una última cuestión me asalta.
¿Confirmarle qué ya he procedido a borrar todos
los recuerdos compartidos? Mejor no, seguramente lo esté comprobando a
cada rato.
Al bajar y abrir mi paraguas, siento alivio de poder
refugiarme en él y soltar las primeras
lágrimas del día, antes de comenzar un
duro día de disimulos y sonrisas forzadas.
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