Ejercicio 1. Mañana

Era muy de mañana y mire por la ventana. En la noche aún estrellada un árbol de espejos sonreía y me indicaba y  que a pesar del frío, iba a ser un día espléndido. Su quietud me hizo decidirme por estrenar por fin aquel precioso vestido nuevo. Quiero pensar que un vestido no es la solución pero, pero a veces en nuestra imaginación, creemos que gracias a un simple vestido dejaremos de ser invisibles. Una simple caída de ojos al pasar por su lado, para que el se gire a su vez. Casualmente me daría la vuelta, nuestros ojos se encontrarían, y una amplia sonrisa surgiría en ambos. El decidiría acompañarme a la máquina de café, y me preguntaría si  estoy en mi descanso. Le diría que no, pero que no se lo dijera a mi jefa. Una risa nerviosa por parte de los dos, otra mirada, silencio incomodo. Me diría entonces apresuradamente que debe ir a una reunión pero que le encantaría seguir charlando, que es absurdo que no  hubiésemos cruzado palabra antes. Y sin más se iría. Me dejaría allí, con un café en la mano sin probar, y sintiéndome totalmente estúpida, la cara despidiendo fuego y buscando todas las palabras que debería haberle dicho. Para a continuación una fuerte suspiró me llenase el pecho y volver a mi puesto de trabajo intentando recordar cómo se caminaba.


Una leve  brisa me saca de mi sueño. Miro el reloj, y decido ponerme mi uniforme de invisibilidad, pantalón negro  y camisa blanca. Mejor dejo el vestido nuevo en el armario y la valentía aún más al fondo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

RESEÑA. BABY Y YO.

Relato. Un día de caza

Ejercicio 2.Paraguas y teléfono.